miércoles, 2 de mayo de 2012

Un aniversario diferente


En todo el país se desarrollan actos, misas y actividades por el 30º aniversario de la Guerra de Malvinas. Mientras tanto, en Plaza de Mayo, ellos esperan. En el mismo lugar que en 1982 se juntaron miles de personas para apoyar el enfrentamiento bélico, lo único que queda hoy son esos hombres, los despectivamente llamados “movilizados”. No hay partidos políticos, tampoco medios de comunicación. Centenares hacen guardia para reclamar lo suyo. Sin embargo, hay algo que nunca les van a devolver. ”Me robaron la adolescencia”, confiesa Claudio José Barcos con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos. Tenía 18 años cuando cumplía con el servicio militar obligatorio y fue trasladado a Santa Cruz porque “se venía la guerra”.
En “el continente” se hacían pruebas y simulacros para enviar a las Islas Malvinas a aquellos que lucharían, o por lo menos eso era lo que la gente creía. Pero según Barcos el conflicto había empezado mucho antes, cuando tropas inglesas atacaron los puntos de abastecimiento en las distintas provincias del Sur y murieron 17 jóvenes argentinos reconocidos hoy como héroes de guerra. Él, junto a centenares de ex soldados, se pregunta por qué ellos no tienen ese honor y se unen bajo un mismo reclamo: “Queremos que la gente sepa cómo fue la guerra, cómo empezó y la historia que no se contó”. 
“Había una convicción de defender al país, pero tampoco teníamos opción. Éramos chicos e ignorantes y no sabíamos a qué nos enfrentábamos”. Eduardo Ochoa estaba en la escuela de paracaidismo a los 20 años. Acostumbrado a los simulacros no se alarmó cuando fue convocado para las prácticas por Malvinas. Según Ochoa esa es la costumbre cultural del país: el ocultamiento. El pánico, el terror y el desarraigo se apoderaron de él. Con 30 años más ve la situación con otros ojos: son extranjeros en su propia tierra.
Mientras en la Catedral Metropolitana y en Plaza San Martín preparan misas por los caídos en la guerra y por la soberanía de las Islas. De todos los que se van acercando para participar, ninguno cruza a la carpa de los conscriptos. Los pocos que dan una vuelta por Plaza de Mayo sólo lo hacen porque hoy es 2 de abril. Barcos ríe amargamente y dice:”No sé cómo pueden hablar de soberanía cuando no son capaces de reconocer a sus soldados, no sé cómo hacen de esto una fiesta cuando es un día para la reflexión y la memoria”.
Hace cuatro años más de 400 ex soldados se unieron para recibir un trato justo. Ochoa dice que hay un espectro político que “los banca” pero el reclamo es mucho más profundo y tienen cierta esperanza puesta sobre esta gestión. “El gobierno enarbola la bandera de los Derechos Humanos, y no por eso digo que cumplan. Nosotros fuimos víctimas de una violación a esos derechos y nuestra búsqueda va más allá del dinero, buscamos una identidad”, cuenta el ex soldado.
Quienes llegaron a pelear en las Islas tardaron tres años en recibir los beneficios por ser ex combatientes y ser reconocidos héroes nacionales. Los que están en Plaza de Mayo tienen el pelo largo; las manos con bastante suciedad; las uñas sin cortar; la mirada perdida, cansada y triste. Hoy se cumplen 30 años de la Guerra de Malvinas y ellos siguen esperando.

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